lunes, noviembre 12, 2012

Nueva apertura de Los Alisios

Los Alisios vuelven al panorama del blog después de una temporada de reflexión. Sugerencias, opiniones y comentarios para esta nueva etapa.!

martes, agosto 16, 2011

Mesa reservada en Le Pachá 1901

Se supone que Le Pachá 1901 es uno de los lugares más exclusivos de El Cairo. Un barco sobre el Nilo en el que puedes disfrutar de la comida que ofrecen una docena de restaurantes. En 'Picolo Mondo' ofrecen variedad de platos al estilo italiano. He reservado mesa, sin embargo los camareros parecen sorprendidos al verme entrar, casi molestos. No se si es por el ramadán, o por que de verdad dan el restaurante por muerto ante la falta de turistas, pero algo no funciona en este sitio. El camarero que me atiende insiste en llevarme a 'Carlos', otro restaurante del complejo, hasta que le hago comprender que es mi nombre, el nombre al que he realizado la reserva.
Sobre una silla resuena un televisor con el partido Real Madrid - Barcelona. El camarero me sigue de cerca por la sala mientras busco la mesa que me gusta y es molesto sentirle a mi espalda, respirando sombre mi nuca, como presionándome para que me siente. Cuando lo hago me advierte:

- Esta mesa está reservada.

Miro a mi alrededor y no hay un alma. Hay como 20 mesas vacías y los únicos sentados a la mesa somos el televisor con el partido de fútbol y el que escribe. Pero el rompehuevos del camarero insiste, sin conocer que está ante otro rompehuevos profesional. Le pregunto si no le interesa trabajar, que a mi me da lo mismo irme al carajo a comer, que seguramente en cualquier puesto callejero me espera una sonrisa amigable, buena compañía y un shawarma de a 6 libras. No se si ha entendido algo, pero me deja sentarme y accede a servirme una Stela tras comprobar que tengo pasaporte extranjero.

La ensalada de parmesano fue la confirmación de que si este sitio tuvo cierto prestigio debió ser por las preciosas vistas del Nilo, o por la comida pero en tiempos pretéritos. Unas hojas de rúcula cubiertas de finas lonchas de parmesano me dejan indiferente y casi temeroso ante la llegada del primer plato. No habrá un segundo ni postre.
Sólo las 10 horas que llevo sin echarme nada al buche hacen que me aventure a probar el pollo con champiñones y salsa parmesana.
Los champiñones debieron desintegrarse en alguno de los procesos de cocción o descongelación porque han quedado reducidos al tamaño de un guisante murciano. Por lo demás decepcionante. Dejo Le Pachá 1901 con la ardiente necesidad en el estómago de encontrar pronto un taxi para ir a casa.
Pronto estaré pensando en el camarero que me dio la noche.

sábado, julio 23, 2011

Bueno, bonito, barato

Paseamos Tamara y yo por el interior del Museo Copto, en el barrio antiguo de El Cairo. Podemos escuchar nuestros pasos por los pasillos. Un ratón cruza una de las galerías, que a pesar de todo parecen impecables, ordenadas, pulcras, todo lo contrario al Museo Egipcio, concebido como un inmenso almacén. No hay ni un sólo turista. Atravesamos galerías vacías, con telas, restos de templos sagrados, biblias escritas en copto y en árabe y otros restos del esplendor cristiano de Egipto. Cada diez minutos nos cruzamos con algún agente de paisano que -móvil en mano- se pasea sin rumbo fijo aparente. No podemos hacer fotos. En la entrada, nos han obligado a dejar la cámara. Cansados y algo aburridos salimos al jardín que rodea el edificio en busca de la biblioteca copta. Está cerrada. El único consuelo posible es el de encontrar una sombra y un banco en el que repasar la Lonely Planet en busca del siguiente destino. Nos sugiere que crucemos al otro extremo a través de un túnel a la salida del metro. Tres chicas coptas juegan con los teléfonos móviles a nuestro lado. Se ríen y cuchichean hasta que entablamos conversación. Nos saben donde meter un calendario de la Virgen Maria tamaño extra grande y no están dispuestas a ir por la calle con él. Lo dejaremos en el banco a ver si alguien lo quiere. Nos preguntan si somos turistas y si no tenemos miedo de venir a Egipto. Intercambiamos impresiones y se van. A las puertas del museo una legión de tenderos abre los ojos sorprendidos. "Espania, Espania, barato, barato..." Sentados a pleno sol muchos esperan el golpe de suerte. Que los únicos turistas que han visto en horas se acerquen a su negocio a dejarse un par de valiosos euros. En algunos de los carteles de reclamo reza en español "Más barato que mercadona..." o "Cerveza con Alcohol...", en otros "Bueno, bonito y barato", igual de bueno y de bonito que siempre y más barato. El problema es que no hay turistas a los que vender.