Se supone que Le Pachá 1901 es uno de los lugares más exclusivos de El Cairo. Un barco sobre el Nilo en el que puedes disfrutar de la comida que ofrecen una docena de restaurantes. En 'Picolo Mondo' ofrecen variedad de platos al estilo italiano. He reservado mesa, sin embargo los camareros parecen sorprendidos al verme entrar, casi molestos. No se si es por el ramadán, o por que de verdad dan el restaurante por muerto ante la falta de turistas, pero algo no funciona en este sitio. El camarero que me atiende insiste en llevarme a 'Carlos', otro restaurante del complejo, hasta que le hago comprender que es mi nombre, el nombre al que he realizado la reserva.
Sobre una silla resuena un televisor con el partido Real Madrid - Barcelona. El camarero me sigue de cerca por la sala mientras busco la mesa que me gusta y es molesto sentirle a mi espalda, respirando sombre mi nuca, como presionándome para que me siente. Cuando lo hago me advierte:
- Esta mesa está reservada.
Miro a mi alrededor y no hay un alma. Hay como 20 mesas vacías y los únicos sentados a la mesa somos el televisor con el partido de fútbol y el que escribe. Pero el rompehuevos del camarero insiste, sin conocer que está ante otro rompehuevos profesional. Le pregunto si no le interesa trabajar, que a mi me da lo mismo irme al carajo a comer, que seguramente en cualquier puesto callejero me espera una sonrisa amigable, buena compañía y un shawarma de a 6 libras. No se si ha entendido algo, pero me deja sentarme y accede a servirme una Stela tras comprobar que tengo pasaporte extranjero.
La ensalada de parmesano fue la confirmación de que si este sitio tuvo cierto prestigio debió ser por las preciosas vistas del Nilo, o por la comida pero en tiempos pretéritos. Unas hojas de rúcula cubiertas de finas lonchas de parmesano me dejan indiferente y casi temeroso ante la llegada del primer plato. No habrá un segundo ni postre.
Sólo las 10 horas que llevo sin echarme nada al buche hacen que me aventure a probar el pollo con champiñones y salsa parmesana.
Los champiñones debieron desintegrarse en alguno de los procesos de cocción o descongelación porque han quedado reducidos al tamaño de un guisante murciano. Por lo demás decepcionante. Dejo Le Pachá 1901 con la ardiente necesidad en el estómago de encontrar pronto un taxi para ir a casa.
Pronto estaré pensando en el camarero que me dio la noche.
martes, agosto 16, 2011
Mesa reservada en Le Pachá 1901
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sábado, julio 23, 2011
Bueno, bonito, barato

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lunes, julio 18, 2011
30 minutos para repasar 30 días

Aprovecho la soledad del gimnasio para relajarme. Caminar, correr, o siquiera pensar es harto difícil en una ciudad en la que a penas hay aceras, y la mayoría de las que hay son inservibles. Una ciudad que vive en un gigantesco atasco permanente en el que los coches se asemejan al lento transcurrir de las aguas del Nilo. Este rato es para mí. En el televisor se puede ver la MTV, pero la música que suena en el gimnasio es la del encargado. Suena uno de los temas que más he escuchado desde que estoy en Egipto, el 'Aisha' de Khaled Hadj Ibrahim, un argelino de voz rota que me recuerda al italiano Zucchero. Algunas de sus canciones hablan del desaliento que provoca la ausencia de un ser querido.
“Comme si je n'existais pas,
Elle est passé à côté de moi,
Sans un regard, reine de sabbat,
J'ai dit, aisha, prends, tout est pour toi
Aisha, aisha, ecoute-moi
Ah, ah
Aisha, aisha, listen to me
Aisha, aisha, no me dejes más...”
Veinte minutos de carrera continua son suficientes. Bajo del aparato y quito el sonido a mi teléfono móvil. Es la hora de la oración de la tarde. Se hace el silencio en el recinto y el encargado comienza a rezar. La televisión exhibe muda a Lady Gaga en la MTV. Comienzo a estirar en el suelo, sobre una toalla de piscina y pienso en estos treinta días en El Cairo.
sábado, julio 16, 2011
sábado, julio 02, 2011
Viajes, virtudes y defectos

Previsor, atento, cuidadoso...son cualidades que me gustaría llevar en el zurrón de la vida y que ando buscando a todas horas. Pero no son mi especialidad. Antes de venir a El Cairo me dije: ¿Qué necesitas para trabajar, para comunicarte con los tuyos, para recibir instrucciones de tus jefes y para actualizar el blog después de dos años?, obviamente, un PC. Por eso en un alarde de querer demostrar mi afán previsor opté por llevarlo cerca de mi. En el equipaje de mano. "Si me pierden la ropa estos despistados del aeropuerto al menos tendré mi herramienta de trabajo"- pensé.
Mis previsiones se cumplieron. Perdí el ordenador, pero no por los "despistados del aeropuerto", sino por el despistado que escribe. Al pasar el control de pasaporte y equipaje de mano coloqué sendas bandejas, una encima de otra, la de abajo con el PC y la de arriba con el reloj, el teléfono móvil y demás abalorios. Tras pasar el control allí se quedó el PC, bajo una bandeja vacía y a expensas de que cualquiera se hiciera con él.
- Hola, objetos perdidos.
- Sí, le paso con la Terminal 1.
En ese intervalo de tiempo, a penas unos pocos segundos, comprendo que hasta ahora el mayor peligro para mi persona y en Egipto soy yo mismo. Los defectos y las virtudes van con uno, grabados a fuego, y no se quedan por el camino por muy lejos que nos vayamos. Es más, si pueden y no tenemos cuidado afloran o descubrimos otros nuevos.
- ¿Su ordenador tiene varias pegatinas con la bandera de Egipto?
¿Un alivio o una pena? Saber que no eres el único despistado del planeta. Aunque quizá la responsable esté poniendo a prueba mi honradez.
- Ah, efectivamente tenemos dos.
--------------
Once días después y tras escribir varias crónicas con el teléfono móvil recibo el PC con el que hoy (con bastante retraso) escribo este post. Para que nunca olvide quién soy, para que recuerde que los defectos y las virtudes viajan con uno. Y que la suerte -de tener quien se moleste en ir a recoger tu ordenador, invierta cuatro horas en una tarea tediosa y molesta para hacerlo llegar a unos desconocidos en Barcelona que me lo han traído hasta aquí sin ningún problema-, no tiene precio. Gracias Carmen, gracias Laura gracias desconocidos. Ah, y gracias T 1 de Barajas.
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viernes, junio 17, 2011
Vuelo a El Cairo, sólo - ida
Faltan 30 minutos para el embarque y no hay nadie en la puerta de acceso al JKK 9610 a El Cairo. Los chicos de la ruta Quetzal están listos para volar hacia Lima. Felices, han accedido ya a su avión por la puerta adjunta a la de mi vuelo. Tres horas después de despegar nos sirven la cena. Aprendo algunas palabras en árabe, sal, carne y otras que ya no recuerdo. Para cuando terminamos la cena ya se atisba por la ventanilla del JKK 9610 la costa de Egipto.
miércoles, junio 15, 2011
¿Qué fue de aquello de viajar en tren?...
Decepcionante. Es la primera palabra que me viene a la cabeza a la hora de contaros cómo he iniciado este viaje rumbo a Egipto. Ha sido en tren, rumbo a Madrid, en esta España radial en la que todo pasa por la capital. La irritante a voz automática de la locomotora nos ha mantenido en alerta permanente recordando cada una de las paradas. Mi compañero de viaje repasa las cualidades del sonido -a saber: tono, intensidad, timbre y duración, reza en los folios fotocopiados de mi compañero de viaje. A sus pies una mochila de la que no se separa. Incluso la acomoda sobre mi asiento cuando voy al coche restaurante en busca de un periódico.
- No se lo puede llevar-. Me advierte el camarero.
Cuando regreso a mi asiento, cabizbajo y cansado de escuchar la voz aguda y eléctrica que nos recuerda mi próxima parada, me ofrezco a colocar la mochila de mi compañero en el compartimento de equipajes. Él me aclara que no se fía de ponerla ahí que lleva el instrumento que utilizará en la banda en Madrid. Que prefiere sentir cerca la mochila, que le acompaña. Horas después la voz que nos ha torturado durante cuatro horas de incesante chachara anuncia: "Estación de Atocha, Madrid".
- No se lo puede llevar-. Me advierte el camarero.
Cuando regreso a mi asiento, cabizbajo y cansado de escuchar la voz aguda y eléctrica que nos recuerda mi próxima parada, me ofrezco a colocar la mochila de mi compañero en el compartimento de equipajes. Él me aclara que no se fía de ponerla ahí que lleva el instrumento que utilizará en la banda en Madrid. Que prefiere sentir cerca la mochila, que le acompaña. Horas después la voz que nos ha torturado durante cuatro horas de incesante chachara anuncia: "Estación de Atocha, Madrid".
miércoles, junio 08, 2011
Lances paralelos

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