
Griselda, actriz alcohólica, no acepta la mediocridad de una vida estable. Interpreta cada uno de sus papeles como si se tratara de la misma vida y vive presa de sus miedos, que apaga regularmente mediante la ingesta masiva de alcohol. “De saber que a cierta altura de la vida, cualquier vínculo es inútil. Y que la ilusión y el deseo son enfermedades del alma, las peores, las más dañinas”. La dicotomía, la lucha que libra cada día con su marido, Jerónimo, la mantiene viva, alerta. La muerte de éste rompe en pedazos su realidad, que se ve superada por la tragedia. Es en este punto donde el relato toma impulso, interés y las preguntas, las dudas del lector le obligan a seguir un capítulo más. Tras los perfiles que se advierten en ‘Contraluz’ se esconden personajes ruines. Crimen, locura, traición, entre dos naciones enfermas de corrupción: Argentina y España.
Estilo
Se trata de una novela jalonada en pequeños capítulos que van oxigenando la lectura y la facilitan. Eso sí, en ocasiones esto puede ocasionar la pérdida de fuerza narrativa en algunos tramos del libro. En mi opinión la obra alcanza buenas dosis de calidad y delicadeza narrativa en el momento en que describe el mundo onírico-etílico en el que Griselda se sumerge a menudo. Un libro muy recomendable, lleno de contrastes e ironía, como los que vive Griselda en un pasaje de la obra en el que extraña Argentina: “Sí, somos ricos, una fortuna n fantasmas, y una cultura necrófila envidiable. Momias y generales, próceres sanguinarios[...] y por la mañana Buenos Aires está llena de cristales empañados por el aliento de la catástrofe inminente. Parece nueva, pero es la misma, y todo el circo baila alrededor del domador más terco – dijo, y se puso de pie.”