A LOS OYENTES
Hoy es la última noche en que se emite este programa. La verdad es que, después de doce años trabajando entre las brumas de la noche, siento un cierto vértigo al pensar en los próximos días, en las próximas horas, presididas por el silencio. Miro hacia atrás no con el afán de complacerme en el trabajo ya hecho, sino con el placer de recordar los momentos que han marcado lo que, hasta estos días de Agosto de 2008, creía que era exclusivamente mi vida profesional.
Mas hoy, después de escuchar lo que todos ustedes, los oyentes de la noche han dicho a través de los teléfonos y el correo electrónico de este programa moribundo, sé con la más absoluta certeza que estos años pasados han dibujado estelas, sin que yo lo supiera con certeza, sobre el mar de toda mi vida. Hoy sé que, a pesar de la tristeza que me nubla, tengo tantas cosas que agradecerles, tal carga de afecto, de solidaridad, de comprensión y de amistad, que mi perspectiva del futuro, mi percepción de lo que ha de sucederme, ha cambiado para siempre.
Gracias. Gracias de corazón. Ninguna persona del mundo puede sentirse, en la hora de la despedida, más feliz que yo; más orgulloso que yo. Gracias por haberme hecho comprender con toda claridad que lo más importante, lo mejor, con diferencia de todos estos años, no estaba en el estudio delante de los micrófonos, sino en el exterior, en lugares que nadie conoce, que nadie ve. El alma de mi trabajo, de cada segundo de La noche menos pensada o De la noche al día estaba en los bares en penumbra, en las cabinas de los camiones, en las heladas salas de los hospitales, en las garitas olvidadas de cualquier obra, de cualquier ciudad, de cualquier pueblo. En los puentes de los barcos, en las lonjas de los mercados, en los hornos de las panaderías y en miles de habitaciones silenciosas, apagadas, palpitantes ante la voz de la radio. De nuestra radio. De RNE.
GRACIAS
Permitidme que, después de tantas emociones compartidas, os pida un favor. Aceptad que la vida, el destino de cada uno de nosotros gira de repente, como si fuéramos una hoja mecida por el viento. Aceptad, como hago yo, el final de La noche menos pensada con el convencimiento, la certeza, de que el programa que habrá de emitirse en su lugar conseguirá los mismos efectos. Sed fieles a esta emisora, a RNE y recibid a Silvia Tarragona y a todo su equipo con los brazos abiertos, con los sentidos en guardia, con el deseo de percibir todas las sensaciones que habrá de regalaros. Hacedlo de corazón y, al cabo de un poco de tiempo, todo estará de nuevo en su sitio. La noche menos pensada formará parte de vuestros recuerdos más hermosos.
GRACIAS
Nunca olvidaré lo que ha sucedido en estos últimos días. Nunca podré agradeceros suficientemente lo que he sentido a lo largo de estas últimas madrugadas.
Ahora, por fin, ya se que es lo importante.
GRACIAS
Fd: Manolo HH