martes, enero 02, 2007

El perfume
Patrick Süskind
El atractivo perfume de la virginidad

El poder de olfatear el alma. Un ser extraño y marginal, repudiado por su propia madre en el mismo instante en que nace, se hace un hueco en el taller de un perfumista donde aprende a extraer, de flores y plantas, la sabia con la que se elaboran los mejores perfumes. Grenouille descubre la insólita capacidad de percibir, discriminar y ordenar todos los olores del mundo que le rodea.
Cojo, feo, y encorvado, su apariencia es desagradable a cualquiera. Más aún para los que descubren que su piel no transpira olor alguno.
Lo aprendido en el taller de perfumería le sirve a Grenouille para hacerse un lugar entre la gente. También para llevar a cabo su codicioso plan. La elaboración del elixir del amor. El perfume capaz de hacer arrodillarse al mismísimo rey ante él.
24 vírgenes y un macabro sistema de destilación son los requisitos necesarios para extraer de las niñas la sabia de su inocencia.
El autor describe con olores la Francia del siglo XVIII. Logra estimular la nariz del lector hasta hacerle, en su mente, un retrato fiel de la macabra vida del protagonista.
Los más bajos instintos del ser humano pueden ser despertados por un simple aroma. Sin embargo Grenoullie no se mueve por instinto, un pérfido plan meditado durante años es su propósito.

Un libro muy recomendable. Tengo ganas de ver la película para comprobar* si han sido fieles a la bacanal que se monta momentos antes del fallido ajusticiamiento de Grenouille.

6 de enero 2007

* Así es, la pelicula es fiel al texto, un tanto larga pero muy fiel a lo relatado por el autor de la novela. La orgía final tal como la imaginaba. Muy recomendable.

"Empujó la ventana, se introdujo en el aposento y dejó el paño a un lado. Entonces se volvió hacia la cama. La fragancia del cabello dominaba porque la muchacha dormía de bruces con el rostro enmarcado por el brazo y apretado contra la almohada, en una postura ideal para el mazazo en la nuca".

Patrick Süskind

Publicado en Bottup

sábado, diciembre 30, 2006


Mi querido Caruso y la sueca

Tienen más de 35. Hace tiempo que dejaron o les dejaron, y en su experiencia vital, muchas historias - ciertas o inventadas- para contar en los bares. Miran con nostalgia los años del boom turístico en que zonas como La Manga era una segunda Sodoma y Gomorra de rubias suecas, alemanas, francesas e italianas. En una ocasión, allá por el 84, mi compadre Caruso logró impresionar a una escultural sueca a lomos de una yegua que le había prestado uno de los hijos reconocidos de Tomas Maestre, dueño y señor de La Manga. Caruso y la sueca cabalgaban a lomos una bella yegua española cuando henchido de confianza mi compadre buscó uno de los muslos de la sueca para así dominar a las dos hembras. Sin embargo no encontró tal privilegio, pues la sueca de infarto yacía inerme en el camino, con la cabeza abierta y metida en un charco púrpura. Los ojos de los tertulianos a penas parpadean pues la historia aún no ha concluido. Caruso cuenta como llevó, a lomos de la yegua, a la pobre sueca sin nombre al cirujano de urgencias, que le cortó el pelo y le dio 14 puntos de sutura. La sueca a pesar del susto y el obligado corte de pelo se dejó cabalgar por Caruso en la misma consulta, aprovechando un descuido del doctor. Los ojos de los tertulianos se abren, brindan por la sueca y alguno paga la siguiente ronda. Todos ya conformes con el desenlace feliz de la historia. Vuelta a empezar...Estos seres ya no extrañan el compromiso. Viven solos y rehuyen las cosas en las que dejaron de creer hace años. Sólo una cerveza, un wisky y unas cartas encima de la mesa bastan para hacer, de estos tipos, la familia ideal que habita La Manga en invierno.

Un abrazo a todos ellos