A menudo despierto en mitad de la madrugada con una idea en la cabeza. Una historia me sorprende en mitad de la noche y me pide ser escrita, sin embargo casi ninguna llega a tomar vida en el papel. No por falta de ganas, que hay de sobra, creo que el problema es la falta de imaginación. Cuando centro la historia, elijo los personajes y empiezo a hacer un esbozo de la trama descubro que la historia ya existe. Alguien se ha adelantado a mis palabras para escribir la historia que yo tenía en la mente. Seguramente por haberla leído, o por haberla visto en el cine o en televisión, me pongo a escribir y siento que estoy parafraseando algo ya existente aunque, a veces, no sepa exactamente a quien pertenece. Seguramente sea un problema de creatividad. El exceso de ruido, el aletargamiento que provoca la televisión o la vida de la ciudad están acabando con la poca creatividad que tenía cuando estaba en el instituto. Me vuelvo unos días a la playa a ver si el mar despierta mi imaginación.
martes, diciembre 26, 2006
A menudo despierto en mitad de la madrugada con una idea en la cabeza. Una historia me sorprende en mitad de la noche y me pide ser escrita, sin embargo casi ninguna llega a tomar vida en el papel. No por falta de ganas, que hay de sobra, creo que el problema es la falta de imaginación. Cuando centro la historia, elijo los personajes y empiezo a hacer un esbozo de la trama descubro que la historia ya existe. Alguien se ha adelantado a mis palabras para escribir la historia que yo tenía en la mente. Seguramente por haberla leído, o por haberla visto en el cine o en televisión, me pongo a escribir y siento que estoy parafraseando algo ya existente aunque, a veces, no sepa exactamente a quien pertenece. Seguramente sea un problema de creatividad. El exceso de ruido, el aletargamiento que provoca la televisión o la vida de la ciudad están acabando con la poca creatividad que tenía cuando estaba en el instituto. Me vuelvo unos días a la playa a ver si el mar despierta mi imaginación.
jueves, diciembre 21, 2006
Soy propenso a perder cosas. A veces pierdo mi coche. Lo aparco con cuidado, me fijo bien donde está y me marcho a hacer mis cosas. Cuando vuelvo no aparece. Doy vueltas con la llave en la mano y pulso constantemente el cierre centralizado con la esperanza de que sea el mismo coche el que me avise de dónde carajo está. Sería útil un bocinazo de aviso para despistados incorporado de serie junto con las demás prestaciones. Pero no sólo pierdo el coche. A veces me pierdo yo mismo. En una ocasión, por estas fechas, regresaba de Alicante hacia Murcia y la carretera se hizo cada vez más extraña. Tras varios kilómetros a la deriva mi acompañante me preguntó amablemente si me había perdido. Le dije que no y seguí conduciendo esperando ver alguna señal de mi destino deseado.

